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La fatiga del emprendedor peruano y el desafío de recuperar la confianza

Renatta Corbetto

Renatta Corbetto

Durante años, el emprendimiento fue presentado como una de las mayores fortalezas del Perú. La capacidad de adaptación del peruano, su creatividad para generar ingresos y su resiliencia frente a las crisis se convirtieron en símbolos recurrentes del dinamismo económico nacional. En un país donde la informalidad y la falta de oportunidades han sido históricas, emprender dejó de ser una excepción para convertirse en parte de la vida cotidiana.

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Sin embargo, detrás de esa narrativa positiva existe una realidad que merece mayor atención: el creciente agotamiento del emprendedor peruano.

Hoy, miles de personas sostienen simultáneamente múltiples actividades económicas para mantener estabilidad financiera. Emprenden pequeños negocios, venden por redes sociales, trabajan de manera independiente, manejan aplicativos o combinan ingresos formales e informales. En muchos casos, no se trata únicamente de espíritu empresarial, sino de la necesidad de compensar la precariedad laboral y la incertidumbre económica.

LA DIFERENCIA ES IMPORTANTE

Las economías más sólidas promueven el emprendimiento como motor de innovación, productividad y crecimiento. Pero cuando emprender se convierte principalmente en una herramienta de supervivencia, aparecen señales de alerta sobre las condiciones estructurales del mercado laboral y la capacidad del sistema económico para generar bienestar sostenible.

El Perú ha demostrado una enorme capacidad emprendedora. El reto ahora consiste en transformar esa capacidad en empresas sostenibles, empleo formal y crecimiento con mayor previsibilidad.

Precisamente ahí aparece uno de los principales desafíos del contexto actual: la incertidumbre política. Recientemente, diversos indicadores empresariales reflejaron un deterioro en las expectativas económicas a corto plazo, asociado al escenario electoral y a la falta de claridad sobre el rumbo político del país. Según reportó La Cámara, la expectativa empresarial a tres meses cayó a terreno pesimista por primera vez en dos años, mientras especialistas advertían que la incertidumbre viene afectando decisiones de inversión, expansión y contratación. (La Cámara)

Ese deterioro de las expectativas no impacta únicamente a las grandes empresas. También alcanza al pequeño emprendedor, al independiente y a la MYPE que depende directamente de la estabilidad económica para sostener sus ingresos diarios. Cuando el entorno político se vuelve impredecible, el consumo se desacelera, la inversión se posterga y la sensación de vulnerabilidad económica aumenta.

POR QUÉ EL CANSANCIO ECONÓMICO TAMBIÉN TIENE CONSECUENCIAS SOCIALES Y POLÍTICAS

Cuando amplios sectores sienten que deben trabajar cada vez más para mantener el mismo nivel de estabilidad, la percepción de progreso comienza a debilitarse. El esfuerzo individual continúa existiendo, pero pierde capacidad de traducirse en tranquilidad, ahorro o movilidad social. Y cuando esa sensación se vuelve colectiva, aumenta el riesgo de desconfianza hacia las instituciones, hacia el sector privado y hacia el propio modelo económico.

Parte de la explicación del voto en el Perú puede entenderse desde esa sensación de desgaste acumulado. No necesariamente como rechazo a la inversión privada o al mercado, sino como expresión de ciudadanos que sienten que el crecimiento económico no siempre ha venido acompañado de suficientes oportunidades de estabilidad y desarrollo personal.

Además, en un contexto electoral cada vez más polarizado, el emprendedor peruano se ha convertido en un actor social clave. Ya no representa únicamente al pequeño negocio o al trabajador independiente, sino también a una ciudadanía que demanda estabilidad, oportunidades reales de crecimiento y menor incertidumbre. Ignorar ese malestar puede profundizar la desconexión entre la política y la realidad económica cotidiana.

ESE ESCENARIO REPRESENTA UN DESAFÍO IMPORTANTE PARA EL PAÍS

La discusión pública no debería limitarse únicamente a crecimiento macroeconómico o cifras de inversión. También debe incorporar cómo construir un entorno donde emprender no implique vivir en una lógica permanente de incertidumbre. Formalizar, crecer y generar empleo requiere estabilidad política, reglas claras, acceso al financiamiento, simplificación regulatoria y mejores condiciones para la pequeña y mediana empresa.

El emprendedor peruano sigue siendo uno de los principales motores de la economía nacional. Pero una economía saludable no puede depender únicamente de la capacidad de resistencia de sus ciudadanos.

El verdadero objetivo debe ser construir un entorno donde el esfuerzo empresarial tenga posibilidades reales de convertirse en crecimiento sostenible, innovación y bienestar. Porque fortalecer la confianza en el sistema económico no pasa solo por defender sus resultados, sino también por responder al desgaste que hoy sienten miles de emprendedores y trabajadores peruanos.

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