Renatta Corbetto
En medio de una nueva coyuntura electoral, el modelo económico vuelve al centro del debate. Pero más allá de consignas, entender cómo funciona, y por qué no siempre cumple su promesa, es clave para un voto informado.
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En cada proceso electoral en el Perú, el modelo económico vuelve al centro del debate. Se le defiende, se le cuestiona y se le invoca. Sin embargo, pocas veces se explica con claridad qué significa realmente vivir en una economía social de mercado, principio reconocido en la Constitución Política del Perú.
Más que un concepto técnico, se trata de una idea que impacta directamente en la vida cotidiana de los peruanos. Por ello, entenderla —especialmente en tiempos electorales— no es opcional para los votantes, sino necesario.
EL MERCADO NO ES SUFICIENTE POR SÍ SOLO
Todo peruano debería saber que este modelo no es sinónimo de “dejar hacer y dejar pasar”. Si bien promueve la inversión privada y la libertad de empresa, también reconoce que el mercado puede fallar.
Un ejemplo concreto se observa en el sector farmacéutico. En distintos momentos, los consumidores han enfrentado precios elevados o poca competencia entre cadenas. Allí, la intervención del Estado —a través de entidades como INDECOPI— no es una excepción, sino una necesidad.
Sin regulación efectiva, el mercado puede concentrarse y perjudicar al ciudadano común.
CRECIMIENTO NO ES LO MISMO QUE BIENESTAR
Durante años, el Perú ha mostrado cifras positivas de crecimiento económico. Sin embargo, ese crecimiento no siempre se ha traducido en mejoras equitativas para todos.
La alta informalidad laboral es la prueba más evidente. Millones de peruanos trabajan sin derechos ni protección, lo que contradice el componente “social” del modelo.
Una economía social de mercado no solo debe generar riqueza, sino asegurar que esa riqueza se convierta en oportunidades reales.
EL ESTADO NO REEMPLAZA, PERO TAMPOCO DESAPARECE
Otro punto clave es entender el rol del Estado. Este modelo no plantea un Estado empresario en todos los sectores, pero tampoco uno ausente.
El Estado debe regular, supervisar y corregir desigualdades. Cuando no lo hace, surgen abusos; cuando se excede, puede distorsionar el funcionamiento del mercado. El equilibrio es delicado, pero esencial.
SIN INSTITUCIONES, EL MODELO NO FUNCIONA
La economía social de mercado depende de reglas claras y de que estas se cumplan. La corrupción, la debilidad institucional y la informalidad erosionan su funcionamiento.
No basta con tener el modelo en la Constitución. Se necesita un sistema de justicia que funcione, organismos reguladores eficaces y un Estado capaz de hacer cumplir las normas.
VOTAR ENTENDIENDO EL MODELO
En la coyuntura electoral, la economía social de mercado suele simplificarse en extremos: o se defiende como intocable, o se critica como causa de todos los problemas. Pero esa discusión, planteada así, es incompleta.
El verdadero reto para el votante peruano es ir más allá del discurso y preguntarse:
¿qué propone cada candidato para que este modelo funcione mejor?
¿cómo plantea reducir la informalidad, fortalecer la competencia o mejorar la regulación?
Entender la economía social de mercado no implica adoptar una posición ideológica rígida, sino reconocer que se trata de un sistema perfectible. Y que su éxito depende menos de su definición teórica y más de cómo se implemente en la práctica.
En tiempos electorales, ese entendimiento se vuelve una herramienta clave. Porque no se trata solo de elegir autoridades, sino de decidir cómo queremos que funcione la relación entre el Estado, el mercado y la sociedad en el Perú.
El verdadero debate no debería ser si mantener o abandonar este modelo, sino cómo corregir sus fallas: cómo fortalecer la competencia, cómo reducir la informalidad, cómo hacer que el crecimiento llegue efectivamente a más peruanos.
Las elecciones representan una oportunidad para exigir ese nivel de discusión. Porque una economía social de mercado no se sostiene solo en principios constitucionales, sino en decisiones políticas concretas, instituciones sólidas y ciudadanos informados.
En última instancia, el reto no es elegir entre más mercado o más Estado, sino exigir que ambos funcionen mejor. La economía social de mercado no fracasa en el papel, sino en su ejecución.
Por eso, en estas elecciones, la verdadera decisión no es solo quién gobierna, sino qué tan en serio estamos dispuestos a tomarnos el funcionamiento del modelo que ya tenemos.
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