Economía

José Antonio Casas: “Cerrar la brecha digital exige avanzar en infraestructura, acceso y alfabetización”

En el marco del Día Internacional de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información, José Antonio Casas, presidente del Gremio de las Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones de la CCL, destacó el rol de las telecomunicaciones en el bienestar de la ciudadanía y en el fortalecimiento de la competitividad empresarial. Asimismo, compartió casos concretos reportados por Osiptel que evidencian el impacto de la conectividad en el desarrollo de emprendimientos y comunidades.

En el Día Mundial de las Telecomunicaciones, ¿cuáles cree que son los principales retos que aún enfrenta el Perú para cerrar la brecha digital?

El Perú enfrenta desafíos estructurales profundos en materia de conectividad que van más allá de la infraestructura física. La dispersión geográfica de gran parte de su población, especialmente en la sierra y selva, encarece enormemente el despliegue de redes de banda ancha y fibra óptica, dejando a millones de ciudadanos sin acceso de calidad a internet.

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Asimismo, para el ciudadano común, esto se traduce en consecuencias muy concretas. Por ejemplo, para un estudiante en Puno que no puede acceder a clases virtuales, una madre en Loreto que no puede agendar una teleconsulta médica, o un pequeño agricultor en Cajamarca que no puede consultar precios de mercado para vender mejor su cosecha.

A esto se suma una brecha de habilidades digitales significativa, pues no basta con tener conectividad si la población no cuenta con las competencias para aprovecharla productivamente. En ese sentido, el reto es triple: infraestructura, accesibilidad y alfabetización digital; los tres deben abordarse de manera simultánea y con visión de largo plazo.

¿Cuál es el rol de las telecomunicaciones en el fortalecimiento de la competitividad empresarial del país?

Las telecomunicaciones constituyen la columna vertebral sobre la que se construye la competitividad moderna. Una empresa conectada puede acceder a mercados globales, automatizar procesos, gestionar cadenas de suministro en tiempo real y tomar decisiones basadas en datos. Pero el impacto llega también al ciudadano de a pie, cuando las empresas se vuelven más competitivas gracias a la digitalización, generan empleos de mayor calidad, ofrecen mejores productos y servicios a menores precios, y contribuyen con más impuestos que financian obras y servicios públicos.

En el caso peruano, mejorar la conectividad para las MIPYMES, las que representan más del 95% del tejido empresarial, significa abrir la puerta al comercio electrónico, la facturación digital y las plataformas de colaboración, beneficios que antes estaban reservados solo para grandes corporaciones. Las telecomunicaciones son, en ese sentido, un gran nivelador de oportunidades tanto para empresas como para las familias que dependen de ellas.

Precisamente, existen casos concretos que evidencian el impacto de las telecomunicaciones, los cuales han sido reportados por Osiptel. Uno de ellos es Moventti Group, una empresa familiar ayacuchana dedicada a la producción de quinua que, gracias a la conectividad, el acceso a internet, las llamadas y las redes sociales, ha logrado cerrar acuerdos y alianzas con otras empresas y socios estratégicos, además de identificar nuevas oportunidades de negocio.

Ello reafirma que un mayor acceso a las telecomunicaciones en zonas rurales contribuye a que los emprendimientos puedan consolidarse y escalar como empresas sólidas, al permitirles conectar con más clientes y proveedores. Hoy, Moventti Group tiene la visión de consolidarse como una compañía global y, al mismo tiempo, lograr que la quinua que producen llegue a más familias, incluso en las zonas más alejadas.

¿Cómo contribuye la transformación digital al crecimiento económico y a la productividad de las empresas?

La transformación digital no es un fin en sí mismo, sino un medio poderoso para hacer más con menos. Cuando una empresa adopta tecnologías digitales, desde la automatización de procesos hasta el análisis de datos o la inteligencia artificial, incrementa su productividad, reduce costos operativos y mejora la experiencia de sus clientes.

En la vida cotidiana, estos beneficios se sienten de manera directa. Por ejemplo, el trabajador que puede capacitarse en línea y acceder a mejores empleos, el emprendedor que vende sus productos por redes sociales sin necesidad de un local físico, o el ciudadano que realiza trámites del Estado desde su celular sin perder un día de trabajo en una cola.

A escala macroeconómica, estos efectos agregados se traducen en mayor crecimiento del PBI y una economía más resiliente, convirtiendo a la digitalización en una de las inversiones de mayor retorno social disponibles hoy.

Por ejemplo, la digitalización se ha convertido en una herramienta clave para el crecimiento del Centro Artesanal y Cultural de Caylloma, en Arequipa. Su tesorera, Glenny Quispe, destacó cómo las herramientas digitales han contribuido a difundir el turismo, así como la artesanía, prendas y accesorios elaborados por pobladores de Caylloma.

Ello evidencia el impacto positivo de lo digital que mediante del uso de redes sociales, especialmente TikTok y WhatsApp, los negocios de las comunidades locales pueden seguir creciendo con mayores ventas, atraer nuevos clientes nacionales e internacionales y, con ello, generar mayores ingresos para las familias de la zona.

¿Cómo puede la articulación entre el sector público y privado acelerar la transformación digital del país?

Ningún actor, por sí solo, tiene la capacidad de transformar digitalmente un país de la complejidad y diversidad del Perú. El Estado tiene el rol insustituible de crear el marco regulatorio adecuado donde se evite la perniciosa sobrerregulación, invertir en infraestructura donde el mercado no llega por sí solo, y garantizar que los beneficios de la digitalización sean inclusivos.

En tanto, el sector privado aporta la velocidad de innovación, el capital de riesgo y la capacidad de escalar soluciones eficientemente. Y en el centro de todo esto está el ciudadano común, que debe ser el destinatario final de cada política y cada inversión para que pueda pagar su recibo de agua en línea, recibir una pensión sin intermediarios, acceder a telemedicina desde una posta rural o que sus hijos puedan estudiar con conectividad de calidad, entre estos ejemplos.

La articulación público-privada solo tiene sentido real cuando se mide en términos de impacto concreto en la calidad de vida de las personas, y no solo en métricas de cobertura o inversión.

¿Qué mensaje compartiría en el marco del Día Mundial de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información?

Desde nuestro gremio, el mensaje central es claro: la conectividad no debe ser un privilegio. Detrás de cada punto porcentual de brecha digital hay personas reales, niños sin acceso a educación de calidad, adultos mayores que no pueden acceder a sus beneficios sociales en línea, emprendedores que no pueden crecer porque su distrito no tiene señal estable. La tecnología tiene el potencial extraordinario de comprimir décadas de desarrollo en años, pero solo si tomamos decisiones valientes, coordinadas y con foco en los más rezagados.

El llamado es a todos los actores, gobierno, empresa, academia y sociedad civil, a actuar con sentido de urgencia y poniendo al ciudadano en el centro de las decisiones, porque cada año de retraso en cerrar la brecha digital tiene un costo humano inaceptable que no podemos seguir postergando.

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