Economía

¿Qué espera el empresariado del Mensaje a la Nación de Keiko Fujimori?

El mensaje presidencial del 28 de julio constituye el principal manifiesto político de un nuevo gobierno. En él, un presidente presenta al país su diagnóstico de la realidad nacional, define las prioridades de su administración y anuncia las principales reformas, inversiones y políticas públicas que orientarán su gestión.

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Desde el retorno de la democracia en 1980, el Perú ha transitado por escenarios profundamente distintos: la crisis inflacionaria de los años ochenta, la hiperinflación y el terrorismo, las reformas de estabilización económica de los noventa, la recuperación democrática del nuevo milenio, el auge en los precios de las materias primas, el debate sobre la inclusión social, la desaceleración económica y, más recientemente, la pandemia y la creciente inestabilidad política. Cada uno de estos contextos quedó plasmado en los primeros mensajes presidenciales, que reflejan las prioridades del Estado en cada momento histórico.

¿QUÉ ESPERAR?

El análisis de los primeros mensajes presidenciales desde 1980 muestra que cada gobierno ha respondido a los principales desafíos de su tiempo. Mientras que en las décadas de 1980 y 1990 la prioridad fue recuperar la estabilidad macroeconómica, los gobiernos posteriores concentraron sus esfuerzos en la reducción de la pobreza, la ampliación de los programas sociales, el cierre de brechas de infraestructura y la inclusión social. El próximo gobierno enfrentará un contexto diferente.

Como es sabido el Perú mantiene fundamentos macroeconómicos sólidos. No obstante, el principal riesgo proviene del progresivo deterioro de la posición fiscal, creciente incertidumbre regulatoria, baja productividad, elevada informalidad y la pérdida de competitividad del país.

En este escenario, el primer mensaje presidencial de Keiko Fujimori debería presentar una agenda de reformas estructurales orientada a elevar el crecimiento potencial de la economía y recuperar la confianza de los inversionistas.

REFORMAS

Una primera prioridad consistiría en reafirmar el compromiso con la estabilidad macroeconómica mediante el fortalecimiento de las instituciones fiscales. Para ello podrían anunciar mecanismos que impidan la aprobación de iniciativas legislativas que generen gasto permanente sin una fuente de financiamiento sostenible, así como un mayor fortalecimiento institucional del Consejo Fiscal.

Junto con la estabilidad macroeconómica, el mensaje presidencial debería presentar un plan nacional para enfrentar el Fenómeno El Niño, cuyo impacto constituye el principal riesgo para la actividad económica durante el inicio del nuevo gobierno. Además de acelerar las obras de prevención y mitigación, el Gobierno debería anunciar un programa para proteger la continuidad operativa de las micro y pequeñas empresas, preservar el empleo y garantizar el funcionamiento de las cadenas de abastecimiento, especialmente en los departamentos con mayor exposición al fenómeno.

PRODUCTIVIDAD

Superado este desafío, el énfasis podría trasladarse hacia una agenda de reformas microeconómicas. El objetivo ya no sería únicamente crecer, sino elevar la productividad de las empresas y los trabajadores mediante la eliminación de trabas burocráticas, simplificación regulatoria, destrabe de proyectos de inversión y la mejora del clima de negocios. El desafío del próximo quinquenio consistirá en convertir la estabilidad macroeconómica en mayor inversión, productividad y empleo formal.

Dentro de esta estrategia, el mensaje presidencial debería anunciar el compromiso de una reforma tributaria orientada a la formalización empresarial, basada en la simplificación de los regímenes tributarios, la reducción de los costos de cumplimiento y la ampliación de la base tributaria, evitando incrementos en las tasas impositivas generales. Paralelamente, una nueva agenda de infraestructura podría priorizar proyectos ejecutados mediante Asociaciones Público-Privadas y Obras por Impuestos, fortaleciendo el papel de ProInversión para acelerar el cierre de brechas en transporte, agua, saneamiento, salud, educación y logística.

Finalmente, el discurso debería incorporar una agenda explícita de competitividad y productividad, acelerando la implementación del Plan Nacional de Competitividad y Productividad mediante reformas en infraestructura, digitalización, capital humano, innovación y simplificación administrativa. Complementariamente, una reforma laboral orientada a facilitar la formalización de las micro y pequeñas empresas, junto con una agenda sectorial para minería, agroexportación, industria, comercio y turismo, que permita elevar el crecimiento potencial del país y diversificar su estructura productiva.

TENDENCIAS DESDE 1980

A continuación, se analizan los primeros mensajes presidenciales de Fernando Belaúnde Terry (1980), Alan García Pérez (1985 y 2006), Alberto Fujimori (1990), Alejandro Toledo (2001), Ollanta Humala (2011), Pedro Pablo Kuczynski (2016) y Pedro Castillo (2021). El análisis compara seis dimensiones: coyuntura económica heredada, contexto internacional, principales compromisos de gobierno, anuncios de inversión, definiciones políticas y prioridades sociales. El propósito es identificar las continuidades y los cambios en la agenda presidencial durante más de cuatro décadas de vida democrática.

Los mensajes presidenciales muestran una clara evolución en las prioridades económicas y sociales del país. Los discursos de Fernando Belaúnde en 1980, Alan García en 1985 y Alberto Fujimori en 1990 estuvieron marcados por la crisis macroeconómica. La inflación, la deuda externa, la recesión, la caída de la producción y los desequilibrios fiscales concentraron las principales preocupaciones de esos gobiernos. A partir de 2001, la estabilidad macroeconómica dejó de ser el único objetivo y cobraron mayor importancia la reducción de la pobreza, la generación de empleo, la calidad de los servicios públicos y una distribución más equitativa de los beneficios del crecimiento.

También se aprecia un cambio en la posición del Perú frente a la economía internacional. En 1985, Alan García interpretó el contexto mundial desde una perspectiva de dependencia económica y cuestionó las condiciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional. En 1990, Alberto Fujimori priorizó la reinserción del Perú en la comunidad financiera internacional. Desde 2001, los mensajes otorgaron mayor relevancia a la apertura comercial, la integración económica, la atracción de inversiones y la competitividad. En contraste, Ollanta Humala y Pedro Castillo enfatizaron la soberanía económica, las demandas sociales y una mayor participación del Estado.

Los anuncios de inversión también evolucionaron. Belaúnde propuso un desarrollo territorial sustentado en carreteras, aeropuertos, puertos fluviales, telecomunicaciones y electrificación. Alan García (2006), Humala y Kuczynski priorizaron inversiones en minería, energía, infraestructura logística y participación del capital privado. Pedro Castillo retomó los proyectos ferroviarios de integración nacional, como los trenes Inca y Grau, aunque con escasa precisión sobre estudios técnicos y financiamiento.

POBREZA

La pobreza constituye una preocupación permanente, aunque con distintos enfoques. Toledo convirtió su reducción en el eje central de su gobierno. Alan García (2006) cuestionó que el crecimiento económico y las exportaciones no se tradujeran en mayor bienestar para los hogares. Humala impulsó la inclusión social mediante programas específicos. Kuczynski priorizó el cierre de brechas en agua, saneamiento, salud, educación e infraestructura. Castillo centró su discurso en la población rural, indígena y tradicionalmente excluida.

Finalmente, los mensajes muestran cómo evolucionó la concepción del papel del sector público en el desarrollo del país. Belaúnde apostó por la infraestructura y la educación; García (1985), por un enfoque nacionalista y redistributivo; Fujimori, por la estabilización económica y el mercado; Toledo, por la descentralización; García (2006), por la austeridad y la promoción de la inversión; Humala, por la inclusión social; Kuczynski, por una administración moderna que complementara la iniciativa privada; y Castillo, por una mayor intervención pública en la economía y el desarrollo territorial.

En conjunto, los discursos presidenciales muestran el tránsito desde una agenda centrada en la recuperación democrática y la estabilización macroeconómica hacia otra orientada a la inclusión social, el cierre de brechas y la modernización de la infraestructura. Sin embargo, problemas como la pobreza, la centralización, la debilidad institucional y la baja calidad de los servicios públicos aparecen de manera recurrente durante más de cuatro décadas.

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