Raúl Barrios Fernández-Concha
El Perú no puede seguir atrapado en la incertidumbre, el estancamiento y la improvisación política. Las próximas elecciones representan mucho más que un simple cambio de autoridades: definirán si el país retoma la ruta del crecimiento o continúa perdiendo oportunidades frente al mundo. Hoy, el sector empresarial exige un gobierno capaz de devolver confianza, impulsar la inversión y recuperar el dinamismo económico que permitió reducir la pobreza y generar empleo durante años.
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La prioridad es clara: crecer nuevamente. No existe lucha efectiva contra la pobreza sin crecimiento económico sostenido. El Perú ya lo comprobó entre 2004 y 2014, cuando el avance de la inversión y la estabilidad económica permitieron reducir la pobreza que afectaba a casi el 60 % de la población a cerca del 20 %. Esa experiencia debe convertirse en una hoja de ruta y no en un recuerdo lejano.
COMPETITIVIDAD
Para lograrlo, el próximo gobierno deberá asumir una agenda agresiva de competitividad y productividad. El país necesita destrabar proyectos, acelerar inversiones y ejecutar reformas que modernicen el Estado. La infraestructura debe convertirse en una prioridad nacional. Carreteras, puertos, aeropuertos, sistemas de agua, energía y conectividad digital no pueden seguir paralizados por trámites interminables o disputas políticas. Cada obra detenida significa menos empleo, menos oportunidades y más atraso para millones de peruanos.
El empresariado también demanda una reforma profunda del aparato estatal. Hoy, abrir un negocio, conseguir permisos o ejecutar una inversión sigue siendo una carrera de obstáculos. La excesiva burocracia desalienta el emprendimiento y ahuyenta capitales. El próximo gobierno debe reducir trámites, eliminar barreras burocráticas y garantizar reglas claras para quienes arriesgan e invierten en el país.
CONFIANZA
Pero nada será posible sin confianza. La inseguridad ciudadana, la inestabilidad política y los constantes ataques contra la inversión privada han deteriorado gravemente el clima económico. El Perú necesita recuperar la seguridad jurídica, respetar los contratos y mantener la disciplina fiscal. Los empresarios no exigen privilegios; exigen predictibilidad, estabilidad y un entorno donde se pueda producir, generar empleo y crecer sin miedo.
Asimismo, el desafío de la productividad resulta impostergable. Un país competitivo requiere mejores escuelas, formación técnica moderna, acceso a salud y mayor incorporación tecnológica. La formalización también debe convertirse en un objetivo central. Millones de peruanos sobreviven en la informalidad porque el Estado les pone trabas en lugar de tenderles puentes. Formalizar significa integrar, proteger y generar oportunidades reales de desarrollo.
SIN MARGEN PARA LA PASIVIDAD
El próximo gobierno no tendrá margen para la pasividad. El Perú necesita liderazgo firme y decisiones rápidas, desde el primer día. El sector empresarial espera una administración que entienda que sin inversión no hay empleo, sin estabilidad no hay crecimiento y sin crecimiento no hay reducción de pobreza.
El país tiene recursos, talento y capacidad para volver a crecer a tasas cercanas al 6 % anual. Pero para lograrlo se necesita un gobierno alejado de la confrontación y empiece a construir confianza. Pues bien, ahora el destino está en nuestras manos: Votemos por quien nos permita ingresar a ese escenario.
Estamos en un momento único, con precios récord de nuestros productos de exportación e ingresos fiscales extraordinarios; y no lo estamos aprovechando productivamente, ni ahorrando para enfrentar futuras emergencias. Votemos por quien consideremos que nos brindará un Estado más eficiente y enfocado en hacernos crecer de manera sostenible.
