Óscar Chávez
En el 2025, existían en el Perú un poco más de 1.3 millones de jóvenes entre 15 y 29 años viviendo bajo la condición de Ninis, es decir, jóvenes que ni estudian ni trabajan, un fenómeno que trasluce la desconexión estructural entre la juventud, el sistema educativo y el mercado laboral.
LEE TAMBIÉN: Inversión impulsa el PBI y el empleo, un camino que debemos mantener
Según cálculos realizados por el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP) de la Cámara de Comercio de Lima, con base en la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO 2025), el 15 % de los jóvenes peruanos entre 15 y 29 años se encuentra en condición de Nini. En términos simples, uno de cada siete jóvenes permanece fuera tanto del sistema educativo como de la actividad laboral.
ESTANCADOS
Si bien la tasa de Ninis ha mostrado una reducción progresiva en los últimos tres años, especialmente tras el fuerte deterioro registrado durante la pandemia, el número absoluto de jóvenes en esta condición permanece prácticamente estancado desde el 2021 en alrededor de 1.3 millones de jóvenes. Este comportamiento revela una paradoja relevante: aunque proporcionalmente la incidencia disminuye, el país no logra romper el núcleo duro de exclusión juvenil.
La persistencia del fenómeno responde, en gran medida, a la ausencia de políticas integrales de inserción educativa y laboral orientadas específicamente a jóvenes vulnerables. Durante años, las iniciativas públicas han operado de manera fragmentada, con escasa unificación entre formación técnica, intermediación laboral, acompañamiento socioemocional y desarrollo de habilidades para el empleo. A ello se suma un mercado laboral caracterizado por altos niveles de informalidad y baja capacidad de absorción de empleo juvenil de calidad.
Sin embargo, el principal rasgo estructural del problema continúa siendo la marcada brecha de género. Del total de Ninis en el Perú, el 63.5 % corresponde a mujeres, mientras que el 36.5 % son hombres. Esta diferencia no solo persiste, sino que tiende a ampliarse con el paso del tiempo, particularmente en los segmentos de mayor edad juvenil.
DEPARTAMENTOS
El fenómeno de los Ninis presenta importantes diferencias territoriales que permiten entender mejor las brechas de desarrollo productivo y social del país. De acuerdo con estimaciones del IEDEP, Loreto registra la mayor incidencia de jóvenes Ninis del país en el 2025, con una tasa de 21.2%, seguido por Tumbes con 20.7%. En ambos casos, más de uno de cada cinco jóvenes entre 15 y 29 años se encuentra fuera tanto del sistema educativo como del mercado laboral. En la lista le siguen Lambayeque (19.6%) y Cusco (18.8%).
Uno de los hallazgos más relevantes es el caso de Lima, que pese a concentrar la mayor actividad económica, empresarial y educativa del país, ocupa el sexto lugar entre las regiones con mayor incidencia de Ninis, alcanzando una tasa de 16.4%. Particularmente, en zonas urbanas donde persisten problemas de informalidad, subempleo y desconexión entre formación y demanda laboral estos problemas de fragmentación son más palpables y atomizados.
En contraste, regiones históricamente más pobres como Cajamarca y Huancavelica presentan menores tasas relativas de Ninis. Si bien ello podría interpretarse inicialmente como un resultado favorable, en realidad responde en gran medida a dinámicas económicas y familiares distintas. En estas regiones, los jóvenes suelen incorporarse tempranamente a actividades productivas familiares, agrícolas o informales como mecanismo de apoyo económico del hogar, reduciendo estadísticamente la condición de Nini.
Por tanto, la situación de Nini no puede analizarse únicamente desde la óptica del desempleo juvenil. También refleja diferencias estructurales en productividad regional, acceso a educación superior, calidad del empleo y modelos de inserción económica de los hogares.

EDUCACIÓN SUPERIOR
El análisis del nivel educativo alcanzado por los jóvenes Ninis evidencia uno de los principales cuellos de botella del sistema educativo peruano: la débil transición entre la educación básica y la educación superior
Durante el 2025, aproximadamente el 74% de los jóvenes Ninis contaba únicamente con educación básica, mientras que solo el 26% alcanzó algún nivel de educación superior, ya sea completa o incompleta. Este patrón confirma que un menor nivel educativo incrementa significativamente el riesgo de exclusión educativa y laboral.
En el caso de las mujeres, existe una mayor proporción que logró acceder a educación superior completa o incompleta, alcanzando alrededor del 28%. Esto refleja que, a diferencia de los hombres, muchas mujeres no abandonan necesariamente el sistema educativo por falta de acceso, sino debido a factores posteriores vinculados a maternidad temprana, responsabilidades de cuidado y dificultades para compatibilizar la vida familiar con la continuidad laboral.

TRANSICIÓN
A fin de comprender las razones que elevan la probabilidad que un Nini permanezca siendo Nini, el IEDEP desarrolló un análisis de transición utilizando la data panel de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) para el periodo 2022-2024. El resultado arrojó que el 25% de los jóvenes que empezaron siendo Ninis mantuvo dicha condición de manera persistente entre 2022 y 2024. La permanencia, resulta más crítica para las mujeres 27.9% frente al 18.9% en hombres.
El análisis permitió además identificar los principales factores que explican que un joven permanezca siendo Nini. Entre ellos la unión o convivencia, esta variable elevó la probabilidad de ocurrencia en 5.5 puntos porcentuales (p.p). Asimismo, el ser mujer eleva la probabilidad en 4.0 p.p. Estos datos aumentan la evidencia de que la brecha de género explica los Ninis en el Perú. En contraste, tener una lengua indígena materna o vivir en zona rural reduce la probabilidad en -1.9 y -1.2 p.p, respectivamente.
Por su parte, la probabilidad anual de que un Nini siga siendo Nini en un próximo año se eleva a un 44% con un mayor riesgo de ocurrencia en mujeres (47%) que hombres (40%).
En consecuencia, muchas jóvenes quedan atrapadas en trayectorias prolongadas de dependencia económica, informalidad o exclusión productiva. Además, la condición de Nini incrementa significativamente el riesgo de pobreza, precariedad laboral y exclusión social a largo plazo.
Por ello, las políticas públicas orientadas a reducir los Ninis femeninos deben incorporar servicios de cuidado infantil, flexibilidad educativa y programas de inserción laboral. Recuperar este capital humano no implica solo reducir la tasa de Ninis, sino evitar que una parte importante de la juventud permanezca desconectada de las oportunidades de desarrollo económico y social.
