Oscar Chávez
El Perú se encuentra en una posición económica ambivalente. Por un lado, ha logrado avances importantes en bienestar económico durante las últimas décadas: crecimiento sostenido, reducción de la pobreza, estabilidad macroeconómica, inflación controlada, bajo endeudamiento público y una economía abierta que ha sabido aprovechar ciclos favorables de precios internacionales.
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Sin embargo, estos logros no son suficientes para garantizar una mejora sostenida y generalizada del bienestar. La pobreza monetaria se ha reducido, pero todavía afecta a una parte importante de la población. De 16.1 millones en 2004 se redujo a 6.5 millones en 2019, aunque al 2025, los 8.8 millones de peruanos pobres, nos ubican por encima de los niveles de prepandemia.
Además, la economía rural, en donde se encuentran 6 millones de peruanos continúa mostrando brechas urbana-rural altísimas en infraestructura, conectividad, acceso a servicios públicos y oportunidades laborales. Esta fragilidad muestra que el crecimiento económico peruano ha sido positivo, pero no plenamente transformador.
DESEMPEÑO 2026
Entre enero y abril del presente año, la economía peruana creció 3.6%, impulsada principalmente por la demanda interna privada y sectores como Construcción, Alojamiento y restaurantes y Comercio.
Las proyecciones a nivel región muestran que seríamos la tercera economía con mayor crecimiento en 2026. Sin embargo, cuando se observa el PBI por habitante medido en dólares de paridad de poder de compra, el Perú se ubica séptimo en la región, superando solo a Venezuela, Bolivia y Ecuador.
El Perú tiene una economía que crece, pero todavía no genera suficiente valor por habitante. Esa es la diferencia entre crecimiento y bienestar. El crecimiento mide cuánto aumenta la producción; el bienestar depende de cuánto de ese crecimiento se traduce en mejores ingresos, mejores empleos, mayor productividad y menor vulnerabilidad.
PRODUCTIVIDAD ES EL PROBLEMA DE FONDO
El bajo bienestar relativo del Perú está estrechamente vinculado con la productividad. Se estima que el 56% de los trabajadores tienen una productividad menor a la de un trabajador de Lima. En diez departamentos del país, la productividad laboral es menos de la mitad respecto a un trabajador de la capital. Esto evidencia una fuerte brecha territorial en productividad laboral.
El problema no es solo que algunas regiones tengan menor ingreso, sino que producen menos valor por trabajador. Por ello, el país no puede conformarse con crecer por demanda interna o por sectores coyunturales. Necesita elevar la productividad en las regiones, empresas y trabajadores. Sin productividad, el crecimiento no se transforma plenamente en bienestar.
Una economía emergente que crece alrededor de 3% anual puede considerarse estable, pero no dinámica. Para un país de ingreso medio como el Perú, esa tasa es insuficiente, ya que si se le descuenta el crecimiento poblacional (1.1%), el ingreso per cápita real crece aproximadamente 2%. A ese ritmo, duplicar el ingreso promedio tomaría 35 años.
¿ES POSIBLE CRECER A TASAS MAYORES?
La pregunta relevante es si una economía puede sostener una expansión de 5% anual o más durante al menos cinco años consecutivos. La respuesta es afirmativa. Según la base de datos del FMI para el periodo 1980-2025, 89 países lograron registrar un crecimiento promedio igual o superior a dicho umbral por más de un quinquenio.
Algunos casos muestran rachas muy prolongadas. China creció a una tasa promedio de 9.6% entre 1991 y 2019, durante 29 años. Etiopía creció 9.4% entre 2004 y 2025, durante 22 años. Vietnam creció 6.7% entre 2000 y 2019, durante 20 años. También destacan Corea, Bangladesh, Laos, Mozambique, Malasia, Tailandia, Indonesia y otros países.
La evidencia demuestra que crecer no es imposible. Muchos países, bajo distintas rutas, han logrado sostener tasas altas de crecimiento, pero lo importante no es solo que se puede crecer más, sino que importa la calidad del crecimiento. No todos los casos vistos producen los mismos resultados sociales deseados.
TIPOS DE MILAGROS ECONÓMICOS
La experiencia internacional muestra que el crecimiento sostenido puede seguir distintas rutas. No existe un único tipo de “milagro económico”, pero sí se observan patrones diferenciados según el motor que impulsa la expansión. En términos generales, se distinguen tres grupos: economías que elevaron su productividad mediante exportaciones, productividad e inserción global; países que aceleraron su crecimiento a partir del cierre de brechas básicas; y economías beneficiadas por boom de recursos naturales.
El primer grupo corresponde a países que crecieron apoyados en exportaciones, manufactura, servicios transables, inversión extranjera, cadenas globales de valor y mejoras sostenidas de productividad. En esta ruta se ubican experiencias como China, Vietnam, Corea, Bangladesh, Camboya y Singapur. Su principal fortaleza es que el crecimiento no depende solo de producir más, sino de producir mejor: con mayor capital humano, innovación, tecnología, aprendizaje empresarial e inserción en mercados internacionales.
En el segundo grupo, figuran Etiopía, Tanzania, Laos, Bután, Uganda y Mozambique. Estos países partieron de grandes déficits de infraestructura, conectividad y servicios básicos, por lo que la inversión permitió elevar rápidamente su capacidad productiva e integrar territorios antes rezagados. Sin embargo, la sostenibilidad de esta ruta depende de la calidad de la inversión, la capacidad institucional y el manejo prudente del financiamiento.
El tercer grupo es el crecimiento impulsado por recursos naturales, donde se consideran a Guinea Ecuatorial, Azerbaiyán, Turkmenistán y Nigeria. En estas experiencias, el aumento de precios internacionales, el descubrimiento o la explotación intensiva de commodities puede elevar rápidamente el PBI, las exportaciones y los ingresos fiscales. No obstante, es la ruta más vulnerable si la renta generada no se transforma en infraestructura, diversificación productiva, capital humano e innovación.
¿QUÉ REQUIERE EL PERÚ?
El Perú necesita un milagro de productividad. Esto significa pasar de un crecimiento apoyado en estabilidad macroeconómica, demanda interna y recursos naturales hacia un crecimiento basado en productividad, capital humano, capital físico, tecnología, innovación, instituciones y calidad regulatoria.
No se trata de renunciar a sus recursos naturales ni a la inversión en infraestructura, pero tampoco puede depender únicamente de ellos. El núcleo del nuevo crecimiento debe ser la productividad. Por tanto, el milagro que necesita el Perú debe combinar tres elementos: productividad exportadora, cierre de brechas regionales y uso responsable de recursos naturales. Solo así, el crecimiento dejará de ser un resultado coyuntural y se convertirá en una verdadera fuente de bienestar económico para más peruanos.
El Perú necesita construir un nuevo milagro de productividad. Esto implica pasar de un crecimiento apoyado en estabilidad macroeconómica, demanda interna y recursos naturales hacia un modelo basado en mayor productividad, capital humano, infraestructura, tecnología, innovación e instituciones sólidas.
No se trata de renunciar a la minería ni a la inversión en infraestructura, sino de convertirlas en motores de diversificación, empleo formal y desarrollo regional. La clave es que los recursos e inversiones eleven la productividad y no solo impulsen el crecimiento de manera temporal.
Por ello, el país requiere combinar tres elementos: productividad exportadora, cierre de brechas regionales y una mejor articulación de sus recursos naturales con inversión, tecnología, proveedores locales y empleo formal. Solo así el crecimiento podrá convertirse en una fuente sostenible de bienestar para más peruanos.
