Economía

Invertir en educación y en I+D es clave para aumentar productividad

Juan Vargas Sánchez

Así como el crecimiento económico es una demostración del progreso de los países, de su capacidad para generar empleos, mejorar los ingresos y elevar la calidad de vida de su población; por el contrario, no lograr crecer a tasas significativas es una muestra de las limitaciones que se padece el país.

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Según reconocidos economistas como Robert Barro y Robert Lucas, para alcanzar un crecimiento sostenido se requiere incrementar el capital humano y el conocimiento, es decir, invertir en educación y en investigación y desarrollo.

Lo mismo han comprobado José Arévalo, Alberto Arévalo, Irvin Delgado, Víctor Arévalo, Lilia Rodas y Christian Gutiérrez, economistas de la Universidad Nacional Federico Villarreal, investigaron la correlación existente entre crecimiento, inversión en educación e inversión en I+D para doce países de América Latina durante el período 2006-2019. Los resultados econométricos pueden verse aquí.

Los investigadores confirmaron la importancia del gasto público en educación, encontrando que los países que han sostenido políticas educativas continuas, acompañadas de reformas curriculares y expansión de la cobertura, muestran tasas de crecimiento superiores al promedio regional. Este efecto se explica por el aumento en la calificación de la fuerza laboral, la mayor capacidad de innovación y la mejora en la eficiencia del sector productivo.

Sin embargo, hallaron que el gasto en investigación y desarrollo (I+D) actúa de manera negativa sobre el crecimiento, lo que podría deberse a: En primer lugar, la baja proporción del gasto en I+D respecto al PBI en la mayoría de los países latinoamericanos limita su impacto real sobre la productividad; en segundo lugar, gran parte de los recursos destinados a investigación se concentran en universidades o instituciones públicas con escasos vínculos con el sector productivo, lo que reduce la transferencia tecnológica y la generación de innovación aplicada; finalmente, la debilidad institucional y la falta de continuidad en las políticas de ciencia y tecnología contribuyen a la ineficiencia de la inversión.

Así, la recomendación que plantean es que los países requieren transformar su gasto en I+D en una inversión estratégica que fomente la innovación tecnológica, la productividad empresarial y la competitividad global.

Para ello, resulta fundamental la cooperación entre universidades, centros de investigación y empresas privadas. “Asimismo, es fundamental incentivar la inversión privada en I+D mediante instrumentos fiscales, subsidios selectivos y marcos institucionales que garanticen transparencia y continuidad”, sostienen.

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