Presidente, asume la presidencia de la CCL en un momento crítico para el país, ¿cuál es el rol que debe cumplir el gremio ante esta coyuntura?
Llevamos diez años padeciendo esta crisis de gobernabilidad que no ha hecho más que agudizarse hasta hacerse insoportable. En este periodo, bajo la idea de que la economía y la política pueden caminar por caminos separados, el sector empresarial se ha convertido en un espectador secundario y ha dejado que el Estado se convierta en un obstáculo para quien quiera hacer empresa en el país. Pero esa pasividad del sector empresarial ya se acabó. Mi posición es que tenemos que ser un actor activo en todos los espacios en los que se debatan temas que afecten al quehacer empresarial.
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¿Cuáles son esos temas prioritarios qué defender?
Hay condiciones básicas para el desarrollo de las actividades empresariales que debemos recuperar: estabilidad macroeconómica, confianza y predictibilidad son condiciones clave para que volvamos a atraer inversión y generar empleo. Y junto a ello, otro mensaje que debemos establecer con claridad es que defender el clima de inversión no es un interés sectorial, sino una responsabilidad con el país. Sin inversión no hay empleo, y sin empleo no hay familias con futuro. Sin inversión no hay hospitales, no hay colegios, no hay carreteras. El empresario peruano no le pide nada a nadie, solo pide que lo dejen trabajar: generar riqueza, generar empleo, generar oportunidades.
Al país le costó mucho recuperar la confianza empresarial y hasta el mes pasado nos encontrábamos optimistas, pero ¿cree que este sentimiento se vea afectado por los problemas en el desarrollo de las elecciones?
Unas elecciones generales en las que se eligen nuevo presidente y nuevos congresistas siempre genera cierta cautela entre los inversionistas, pero la situación que se ha presentado ahora con la mala organización de las elecciones y las dudas que existen sobre la limpieza del proceso han elevado el nivel de desconfianza. Sin embargo, confiamos en que esta situación se puede corregir y lograr que la economía crezca apoyada también por el escenario internacional favorable que tenemos.
En efecto, hay coincidencia en que estamos desaprovechando los altos precios del oro y el cobre que gozamos desde hace un par de años
Deberíamos estar creciendo por encima del 5 % anual. En el anterior boom de las materias primas crecimos al 7 % anual, pero esta vez, los precios todavía son mejores y solo superamos por poco el 3 %. Tenemos delante nuestro una ventana de oportunidad increíble para sacar a más peruanos de la pobreza, y la estamos desperdiciando por esta inercia que hemos tenido y -a manera de autocrítica- por creernos los empresarios la idea de que podíamos seguir avanzando a pesar de cambiar presidentes cada dos años. No ha sido así. El Estado se ha paralizado y nos está paralizando a todos. Es hora de cambiar de rumbo.
Usted ha dicho que el empresariado no quiere ser amigo del Gobierno, sino su asesor ¿a qué se refiere con ello?
Queremos un Estado que nos brinde estabilidad, confianza y seguridad; un Estado que regule de forma eficiente las actividades económicas y que no le ponga trabas absurdas. En ese sentido, vemos nuestro rol como la del asesor que le dice al Gobierno o al Congreso en qué están yendo bien y en qué se están equivocando. Es un rol que debemos ejercer en todos los escenarios posibles, siendo uno principal, a través de los medios de comunicación y de los medios digitales. Lamentablemente, los casos de corrupción y la desconfianza generalizada han ocasionado que sea mal visto que el sector privado trabaje de la mano con el sector público.
Volviendo al plano internacional, algunos analistas avizoran la conformación de grandes bloques de países enfrentados entre sí, y un retroceso de la globalización ¿Debe el Perú prepararse para mirar más hacia adentro que hacia las exportaciones?
Existe esa posibilidad, pero no es claro que el mundo vaya a recorrer ese camino. Hay que tenerlo en cuenta, pero también tener claro que producimos productos que son sumamente demandados en el mundo: minerales y alimentos. Creemos que todavía tenemos mucho por crecer en el mercado internacional gracias a los más de 43 acuerdos comerciales que nos brindan acceso preferente a otras tantas economías. En comercio exterior, nuestra Cancillería, el Ministerio de Comercio Exterior y Senasa del Ministerio de Agricultura han hecho un trabajo excepcional. Tenemos grandes oportunidades y es algo que repetimos constantemente a nuestros asociados.
El trabajo gremial es otro punto que quisiéramos tocar ¿qué deben esperar los asociados de la Cámara de Comercio de Lima de su gestión?
Tenemos que renovar nuestra institución. Vamos a modernizarla, hacerla más ágil, más estratégica e influyente. No podemos liderar el futuro con estructuras del pasado. Nuestros asociados tienen que sentir el valor tangible de pertenecer a esta institución. Tanto por una defensa de sus intereses más activa como hemos estado señalando, como por una mejora en los servicios que brindamos. Nos volveremos más digitales, utilizaremos la tecnología para acompañar mejor a nuestros socios, capacitándolos, asesorándolos y orientándolos. Somos el gremio privado más representativo del país y seremos también el que mejora continuamente los servicios que brinda.
¿Qué lo motiva?
En primer lugar, quiero contribuir a revertir la situación crítica que vive el país. Quienes amamos al Perú no podemos sino sentir indignación por el momento histórico que pasamos. Tenemos un país tan rico y con tantas oportunidades que es un pecado que tengamos un 40 % de la población con servicio de agua potable restringido; que la baja calidad de la educación y la salud, así como el bajo uso de tecnología, provoquen que nuestra productividad sea un 50 % de la que tienen otros países en vías de desarrollo.
Y en segundo lugar, tengo un gran aprecio por mi gremio. Mi padre fue director de la Cámara de Comercio de Lima. Él me impulso a que pertenezca a esta institución hace más de veinte años y quiero trabajar para que este gremio siga creciendo y jugando un rol preponderante en la historia del país. Nunca olvidemos que nacimos en un período de crisis. Cuando el Perú estaba en ruinas tras la Guerra del Pacífico, un grupo de empresarios decidió fundar la Cámara de Comercio de Lima y trabajar por la reconstrucción nacional. Somos herederos de esa tradición y siempre estaremos presentes cuando el país nos necesite.
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