Roberto De La Tore
Las cifras con las que el Perú cerró el año pasado confirman que la estabilidad macroeconómica sigue siendo uno de los principales activos de nuestro país.
El PBI avanzó entre 3.3 % y 3.5 %, impulsado por la inversión privada, el consumo interno y las exportaciones, mientras que el déficit fiscal se redujo a alrededor de 2.2 % y la inflación se mantuvo dentro del rango meta del Banco Central de Reserva del Perú.
El sol peruano se consolidó como una de las monedas más estables de la región y la deuda pública continúa muy por debajo del promedio latinoamericano. Los altos precios del oro y el cobre favorecieron la balanza comercial y nuestra agroindustria registró un récord de exportaciones superior a USD 13 500 millones.
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No ha sido poca cosa en un contexto internacional tan volátil, marcado por tensiones comerciales y geopolíticas, y con la inestabilidad política que parece convertirse en parte de nuestro folklore.
CRECIMIENTO NO ES IGUAL QUE DESARROLLO
Sin embargo, debemos ser conscientes de que crecimiento no es sinónimo de desarrollo, por lo que el gran desafío sigue siendo hacer que ese crecimiento se traduzca en bienestar para un mayor número de peruanos.
Parte del problema está en la baja calidad de la inversión pública, sobre todo en los gobiernos subnacionales, donde a pesar de existir recursos, son mal utilizados por una gestión ineficiente y, no pocas veces, rapiñados por la corrupción.
A ello se suman graves problemas como la criminalidad organizada que amenaza la inversión, la generación de empleo y la existencia misma de nuestra sociedad y de la democracia, así como el avance incontrolable de las economías ilegales.
Y, en el corto plazo, las lluvias torrenciales y los huaicos vuelven a recordarnos nuestra vulnerabilidad frente a la naturaleza y la precariedad de la prevención. No son “imprevistos”; se trata de situaciones conocidas que exigen planificación, autoridad y continuidad de políticas públicas.
AÑO DECISIVO
Este 2026 será un año decisivo, no solo en términos económicos, sino también por las elecciones generales del próximo 12 de abril.
En un escenario fragmentado, el voto responsable e informado es fundamental para preservar la estabilidad económica y apostar por un crecimiento inclusivo, que no es tarea exclusiva de un gobierno o de un tecnócrata, sino una responsabilidad compartida.
El Perú ya demostró que puede crecer; ahora nos toca decidir si queremos que ese crecimiento construya un país más seguro, más justo y con más oportunidades.
