Economía

Remesas: el aporte de los peruanos residentes en el exterior

Óscar Chávez

La comunidad peruana residente en el exterior se ha consolidado como un importante soporte económico para miles de hogares en el país. Actualmente, los peruanos que viven fuera del territorio nacional representan cerca del 10% de la población y generan un flujo permanente de recursos hacia la economía peruana mediante el envío de remesas.

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A inicios de 2026, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) informó que el número de emigrantes peruanos ascendió a 3 689 873 personas, considerando como emigrantes a quienes permanecieron fuera del país por un período superior a un año. Estos ciudadanos mantienen un vínculo económico con sus familias a través del envío de remesas, las cuales constituyen una fuente estable de divisas y un importante complemento del ingreso de los hogares. En términos macroeconómicos, las remesas han representado históricamente alrededor del 1.5 % del Producto Bruto Interno (PBI), equivalente a aproximadamente USD 5300 millones durante 2025.

Este comportamiento no es exclusivo del Perú, sino que se observa en la mayoría de los países de América del Sur. En la región, las remesas constituyen un mecanismo de protección social y una fuente relativamente estable de divisas que contribuye a mejorar el bienestar de los hogares, reducir la pobreza, sostener el consumo privado y fortalecer la estabilidad externa de las economías. No obstante, su importancia macroeconómica resulta menor que en Centroamérica y el Caribe.

La incidencia de las remesas difiere entre países según su peso relativo en la economía. En Ecuador representan entre el 5 % y el 6 % del PBI, lo que las convierte en una de las principales fuentes de ingresos externos. En Colombia y Bolivia equivalen aproximadamente al 3 % y 4 % del PBI, mientras que en Paraguay alcanzan entre el 2 % y el 3 %.

En el Perú, las remesas tienen una incidencia moderada sobre la actividad económica. Sin embargo, mantienen una elevada importancia para miles de hogares que dependen de estos recursos como complemento de sus ingresos. En economías de mayor tamaño, como Brasil, Chile y Argentina, las remesas tienen un peso reducido dentro del producto y de los flujos externos.

La situación contrasta con la observada en varios países de Centroamérica, donde la dependencia de las remesas es considerablemente mayor. En Honduras, El Salvador y Guatemala estos flujos representan entre el 15 % y el 30 % del PBI, por lo que constituyen una de las principales fuentes de divisas y un componente esencial para el consumo de los hogares, la reducción de la pobreza y la estabilidad macroeconómica.

El impacto de las remesas trasciende su magnitud económica. Al tratarse de transferencias unilaterales provenientes del exterior, estos recursos fortalecen el ingreso de los hogares sin generar obligaciones financieras ni incrementar el endeudamiento público. Además, aportan divisas al sistema financiero y constituyen un mecanismo de protección frente a episodios de desempleo, caída del PBI, desastres naturales o incrementos de la inflación.

La constancia de estos flujos también responde a la amplia dispersión geográfica de la comunidad peruana en el exterior. El 30.3 % de los emigrantes reside en Estados Unidos y el 16.6 % en España, mientras que el porcentaje restante se distribuye entre diversos países. Esta diversificación reduce la dependencia de una sola economía emisora y limita la exposición a los ciclos económicos o fluctuaciones cambiarias de dichos países, lo que garantiza la continuidad del ingreso de remesas hacia el Perú.

Otro factor que explica su importancia es la regularidad de los envíos. La frecuencia con la que los hogares reciben estos recursos les permite contar con un ingreso permanente que facilita la planificación de sus gastos. En efecto, el 69.3 % de los hogares receptores recibe remesas de manera mensual, mientras que solo el 1.7 % las percibe semanalmente y el 0.3 % cada quince días.

Esta estabilidad se sustenta, además, en la estructura demográfica de la población emigrante. Del total de peruanos residentes en el exterior, 2 003 743 tienen entre 20 y 40 años, etapa de mayor participación laboral y capacidad de generación de ingresos. Como consecuencia, las familias receptoras pueden planificar sus decisiones de consumo y ahorro con mayor certidumbre y mantener un nivel mínimo de gasto aun en períodos de desaceleración económica.

PERFIL LABORAL

La estabilidad y continuidad del flujo de remesas también responde a la inserción laboral de los peruanos residentes en el exterior. De los 3 263 116 emigrantes que desarrollan alguna actividad económica, una elevada proporción participa en mercados laborales con capacidad para generar ingresos permanentes.

La composición ocupacional refleja una importante diversificación. El 22 % corresponde a estudiantes que complementan su formación con actividades laborales en economías de mayor productividad; el 13.3 % trabaja como empleado de oficina; el 10.4 % se desempeña en actividades de servicios y comercio; y el 10 % corresponde a amas de casa. Esta diversidad ocupacional reduce la dependencia de un único sector económico y aporta mayor estabilidad al flujo de remesas.

Asimismo, la comunidad peruana en el exterior cuenta con un importante contingente de capital humano altamente calificado. Del total de emigrantes, 313 574 son profesionales, de los cuales el 55.2 % son mujeres. Dentro de este grupo destacan 43 574 ingenieros, donde los hombres representan el 75.7 %, y 43 360 profesores, con una participación femenina del 70.9 %.

La presencia de profesionales en ocupaciones técnicas, científicas, educativas y de gestión dentro de economías con mayores niveles de productividad y remuneración incrementa su capacidad de generación de ingresos. Esta situación favorece el ahorro, fortalece los vínculos económicos con el Perú y sostiene el envío de remesas de manera permanente, lo que contribuye a la estabilidad financiera de miles de hogares receptores.

USO DE LAS REMESAS

El impacto económico de las remesas se materializa principalmente a través del gasto de los hogares receptores. El 77.9 % de estos recursos se destina al consumo cotidiano, principalmente a la compra de alimentos, vestido y otros bienes esenciales. Este flujo permanente de ingresos fortalece la demanda interna, dinamiza el comercio minorista y los servicios locales, y contribuye indirectamente a la recaudación tributaria por el mayor nivel de ventas.

Las remesas también promueven la inclusión financiera. Si bien el 6.1 % de estos recursos se destina a la compra de terrenos, la construcción o la adquisición de viviendas, su mayor aporte radica en la regularidad de los envíos. El 71.3 % de las familias recibe remesas de forma mensual o con mayor frecuencia, lo que proporciona un flujo de ingresos estable y predecible. Esto permite que muchas entidades financieras las consideren como un respaldo para evaluar la capacidad de pago de los hogares, facilitando el acceso a créditos hipotecarios, vehiculares y de consumo, incluso cuando los beneficiarios no cuentan con ingresos formales.

Aún existe un importante potencial para incrementar el aporte económico de las remesas. Actualmente, el 5.5 % de estos recursos se destina al ahorro y el 9.7 % a educación. Estos recursos podrían movilizarse mediante instrumentos financieros dirigidos a los peruanos residentes en el exterior, como fondos de inversión o vehículos inmobiliarios, que canalicen parte de ese capital hacia proyectos de infraestructura, vivienda y otras actividades productivas.

El crecimiento de la emigración peruana y el aumento sostenido de las remesas plantean el desafío de convertir estos recursos en un impulsor del desarrollo. Además de mejorar el bienestar de los hogares, las remesas pueden impulsar la inversión, ampliar la inclusión financiera y fortalecer la capacidad productiva del país. Para lograrlo, será necesario identificar políticas e instrumentos financieros que faciliten la inversión de los peruanos residentes en el exterior, de manera que el esfuerzo de millones de migrantes contribuya también al crecimiento económico del país.

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