• Peter Anders: No insistir en el error

    30 de Enero del 2021
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    Nuevamente el Perú ha iniciado una cuarentena ante el recrudecimiento de contagios por la pandemia del coronavirus, pero esta vez ha sido diferente, pues casi un año después sin vislumbrar una estrategia clara y competencias adecuadas para hacer frente a la enfermedad por parte de nuestras autoridades, la respuesta generalizada ha sido el rechazo, descontento y desconcierto de la ciudadanía y los agentes económicos, pues lamentablemente otra vez se nos coloca frente a la cruel disyuntiva de elegir entre la salud y la economía, cuando no debería ser así.

     

    No se entiende, por ejemplo, que se repita la fórmula del confinamiento y paralización económica que ya demostró su fracaso con los millones de puestos de trabajo perdidos, los miles de negocios y empresas empujados a la quiebra y los cientos de familias lanzadas nuevamente a la pobreza y la pérdida de su calidad de vida.

     

    A estas alturas no debería ser un secreto que gran parte del sustento de muchas familias se genera en la informalidad y de lo que puedan ganar día a día, por lo que no les queda otra alternativa que salir a la calle a trabajar, así tengan que arriesgar su vida y su salud al exponerse a contraer la enfermedad.

     

    No se le puede decir a estas personas, desde la comodidad de un escritorio, “no vas a trabajar durante 15 días” porque equivale a lo mismo que decirles “ni tú ni tu familia comerán en 15 días; ni tú ni tu familia se pueden enfermar y menos curar en 15 días”.

     

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    Ni un minuto más que perder

     

    Los expertos epidemiólogos y en salud pública se han cansado de repetirlo: un confinamiento sin rastreo de los lugares de mayor contagio no ayuda en nada. La cuarentena no tiene sentido sin pruebas moleculares masivas, sin estrategia para identificar zonas de alto riesgo y establecer cercos epidemiológicos. Sin un incremento en los servicios de salud, es decir, más médicos, enfermeras, asistentes, camas UCI y plantas de oxígeno, no servirá de mucho lo que se haga.

     

    Ante la ola de críticas por lo confuso, incompleto y contradictorio de sus mensajes, el gobierno ha retrocedido dejando abierta una lista enorme de actividades económicas que, en principio, sí podrán desarrollarse en esta nueva cuarentena.

     

    Pero es imprescindible de una vez por todas, definir una estrategia coherente frente a este enemigo. Necesitamos metas concretas, cuantificables y verificables. No podemos seguir improvisando.

     

    Si bien ha sido positivo dividir el país en zonas de acuerdo a la gravedad con que se propaga la enfermedad, es necesario aplicar la medida con mayor precisión en cada región, porque muchas veces la situación en una localidad es muy diferente a otra, así sean vecinas, de modo que aquellas que se encuentran con niveles de contagio mínimos puedan seguir con mayor número de labores, siempre y cuando tomen medidas para evitar la propagación del virus.

     

    Un segundo aspecto urgente es mejorar el transporte público, cuya caótica situación convierte este servicio en un foco de contagio que lleva al virus de un lugar a otro. Se requiere mejores controles en este sector donde se incumplen las más mínimas normas de legalidad.

     

    Otro aspecto importante es eliminar la gran cantidad de trabas burocráticas que impiden o dificultan el desenvolvimiento de la economía. Si ya nuestro Estado es lento y busca estar omnipresente en todo, hoy a raíz de la pandemia y de los protocolos que se exige para trabajar, es peor.

     

    Las municipalidades deberían comenzar a identificar medidas que contribuyan a mejorar el funcionamiento de los negocios. Un buen paso fue el cambio de giro inmediato; otro la organización de mercados itinerantes –junto con el Ministerio de Agricultura y Riego- y un tercero el control que algunas de ellas hacen de servicios como el delivery.

     

    En esa línea deben ahora, cuanto antes, identificar cómo reducir los obstáculos que se pone a quien quiere trabajar. Una muestra son los permisos municipales, a fin de promover mayor rapidez en el proceso de reacomodo de los negocios. A la luz de lo que enfrentamos, deberían reducirse, redefinirse y -en definitiva- unificarse. No es posible que para obtener una licencia de funcionamiento existan tales requisitos en un distrito y en la vereda de enfrente, en otro distrito, dichas exigencias cambien por completo.

     

    Es también el momento para que cada peruano asuma su responsabilidad en esta segunda cuarentena. ¿Realmente cumplimos con las normas de seguridad? ¿Mantenemos distancia social, salimos lo menos posible, usamos adecuadamente las mascarillas, cumplimos con el lavado de manos?

     

    Seamos sinceros; en los últimos meses nos relajamos al pensar que todo había pasado, que ya se había comprado y llegarían las vacunas, que se habían tomado las medidas necesarias para que no falten médicos, camas UCI ni oxígeno. Hoy la realidad nos golpea con dureza.

     

    Asumamos que no siempre nos cuidamos y dejemos de esperar que nuestras autoridades lo hagan por nosotros; porque ello no necesariamente ocurre ni ocurrirá. Depende de nosotros.

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