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Finanzas: tres grandes desafíos en la agenda de los inversionistas

El escenario mundial exige a los inversionistas una mirada estratégica y prudente. Perú puede, en las próximas elecciones, redefinir el rumbo

Jean Pierre Fournier

En lo que va del año, los mercados financieros han registrado avances relevantes, pese a un entorno internacional todavía marcado por tensiones geopolíticas y ajustes en la política económica global. La inflación continúa descendiendo -aunque a un ritmo más moderado- y, si bien se proyecta una desaceleración, las condiciones económicas siguen siendo suficientemente favorables para sostener el crecimiento de utilidades y el financiamiento de nuevas inversiones.

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El escenario actual exige una mirada estratégica y prudente. La economía global ha ido incorporando los cambios recientes en el frente político y geopolítico. Sin embargo, cuando todo parece estar bien, es precisamente cuando debemos ser más disciplinados en la evaluación de riesgos.

El desempeño de los mercados en las primeras semanas de 2026 se ha concentrado en activos vinculados a cobertura y diversificación. Los metales preciosos, como el oro y la plata, muestran incrementos significativos, al igual que el petróleo. También destacan las acciones de mercados emergentes, aunque con diferencias notorias entre países: mientras China ha tenido un desempeño más moderado, otros emergentes han registrado retornos considerablemente mayores.

Los inversionistas enfrentan hoy tres grandes desafíos: gestionar la diversificación frente a tensiones geopolíticas persistentes, evitar que la especulación en ciertos activos genere episodios de volatilidad que afecten la confianza, y evaluar con mayor precisión la eficacia de las inversiones en tecnología, especialmente en el desarrollo de software.

PERÚ Y LATINOAMÉRICA

En este escenario, Latinoamérica vuelve a posicionarse como un punto de interés. El ciclo electoral en varios países de la región abre una ventana de oportunidades, pero también plantea interrogantes sobre la capacidad de atraer inversiones de calidad. En el caso peruano, la brecha de infraestructura supera los US$ 80 mil millones, lo que representa un enorme potencial de crecimiento si se logran condiciones adecuadas.

El inversionista financiero necesita reglas claras y estabilidad en el tiempo. No basta con estructurar proyectos; es fundamental garantizar que las condiciones no cambien de manera abrupta y que exista seguridad jurídica para recuperar la confianza. Si bien existen esfuerzos técnicos para promover iniciativas de infraestructura, su materialización depende de voluntad política y previsibilidad institucional.

Para el Perú, las próximas elecciones presentan la oportunidad de redefinir el rumbo. Tenemos vientos externos relativamente favorables. Está en nuestras manos generar estabilidad y construir un entorno que permita canalizar inversión hacia sectores clave como tecnología, salud, defensa e infraestructura.

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