Opinión

Editorial: Ni un minuto que perder

El contexto nacional exige al nuevo gobierno análisis riguroso, responsabilidad institucional y capacidad de gestión.

Ramiro Salas Bravo

Asumo, por encargo, la presidencia de la Cámara de Comercio de Lima en un contexto nacional que exige análisis riguroso, responsabilidad institucional y capacidad de gestión. El momento actual plantea desafíos simultáneos que demandan respuestas articuladas y técnicamente sólidas.

La agenda pública es amplia y compleja. Los recientes eventos climáticos han afectado a diversas poblaciones del país, poniendo en evidencia la importancia de fortalecer los sistemas de prevención, planificación territorial y ejecución eficiente del gasto público. Más que reacciones coyunturales, se requiere una coordinación efectiva entre el Poder Ejecutivo, los gobiernos regionales y los gobiernos locales, basada en criterios de eficiencia, transparencia y oportunidad.

En paralelo, la seguridad ciudadana continúa siendo una de las principales preocupaciones nacionales. La expansión de la criminalidad y de las economías ilegales plantea un desafío estructural que debe abordarse desde una política integral: fortalecimiento institucional de la Policía Nacional, mejora de los sistemas de inteligencia, coordinación efectiva con el Ministerio Público y el Poder Judicial, y acciones sostenidas para desarticular las redes que financian actividades ilícitas.

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A ello se suma el inicio del año escolar, un hito fundamental en el calendario social del país. Garantizar condiciones adecuadas de infraestructura, servicios básicos, materiales educativos oportunos y entornos seguros no es solo una meta administrativa, sino una condición esencial para proteger el capital humano y sostener el desarrollo en el largo plazo.

Este escenario coincide, además, con un proceso electoral general en ciernes y con un gobierno de carácter transitorio. Si bien su mandato es temporal, su responsabilidad institucional es plena. Corresponde asegurar elecciones incuestionables, fortaleciendo la confianza ciudadana mediante reglas claras, neutralidad y respeto irrestricto al marco democrático.

El contexto es exigente, pero también ofrece la posibilidad de reafirmar capacidades. La historia del Perú demuestra que, frente a situaciones complejas, la articulación entre Estado, sector privado y sociedad civil ha sido un factor determinante para la recuperación y el progreso.

Hoy, más que dramatismo, se requiere método; más que confrontación, coordinación; más que discursos, resultados.

Ese es el enfoque que debe orientar a este gobierno de transición.

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