Juan Vargas Sánchez
Dos investigadores del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) han demostrado científicamente lo que muchas amas de casa de los estratos más pobres del país vienen sintiendo desde hace muchos años: la inflación no es igual para todos y un 3 % o 5 % de inflación oficial esconde, casi siempre, una pérdida mucho más grande en el poder adquisitivo de los más pobres.
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“Efectos distributivos de la inflación” es la investigación desarrollada por Nikita Céspedes Reynada y Mario Huarancca para la Serie de Documentos de Trabajo 2025-022, de diciembre de 2025, y viene a llenar un vacío en la literatura económica, pues prácticamente es prácticamente la primera investigación que aborda los impactos diferenciados de la inflación en variables como la vulnerabilidad económica, la desigualdad en la distribución del ingreso o la capacidad de los hogares para mantener sus niveles de consumo.
La investigación resulta de interés coyuntural debido a que el país atraviesa por un período de incremento de precios ocasionado tanto por la elevación del tipo de cambio y los precios de los combustibles, por la guerra en Medio Oriente; como por la expectativa de que El Niño Costero ocasione alzas en los alimentos. ¿Cuál será el efecto sobre los hogares?
EXPOSICIÓN DE LOS HOGARES
Céspedes y Huarancca estiman la exposición de los hogares a la inflación utilizando los precios de los productos que componen su canasta de consumo. Usando datos del INEI, encontraron que cuando la inflación general es elevada, una mayor proporción de hogares experimenta tasas por encima del promedio nacional. Por ejemplo, en 2023, cuando la inflación promedio anual fue de 6.26 %, los investigadores estimaron que el 30 % de los hogares enfrentaron una inflación superior al 10 %.
Además, los economistas utilizaron técnicas econométricas para analizar el impacto de la inflación sobre el consumo y otras variables del bienestar de los hogares (como en estudios similares se usó un modelo de regresión con datos de panel que estima un efecto de doble diferencia)
Así, obtienen que los hogares afectados por una inflación alta reducen su consumo en -0.036, es decir, que en 2022 cuando la inflación fue de 8,46 %, la disminución del consumo fue de 3.8 % entre los hogares afectados. Pero al analizar, por quintiles de ingresos, encontraron que esa reducción solo puede asegurarse para los hogares más pobres.
AJUSTE DE CINTURÓN
En “Efectos distributivos de la inflación” se compara la composición de la canasta de consumo en un período de baja inflación como 2013 con otro de alta inflación (2023). Se observa que, entre los hogares más pobres, el gasto en alimentos que era de 53.6 % del total de los ingresos en 2013 pasa a ser del 55.7 % en 2023, debido al mayor costo.
También por la elevación del precio, el gasto en alquiler, combustible y electricidad aumenta de 8.5 % del total en 2013 a 10.8 % en 2023.
En cambio, los hogares reducen el gasto en esparcimiento de 10.3 % a 9.4 % del total de los ingresos; y sobre todo en vestido y calzado de 6.4 % cuando no había inflación a 3.9 % del total cuando hay mucha inflación.
CONCLUSIONES
“En términos prácticos, esto significa que la exposición a alta inflación reduce el consumo de los hogares pobres en torno a 8.6 %, mientras que los hogares de mayores ingresos logran amortiguar dicho efecto”, señalan en su paper y comentan que ello se debería a que los hogares de mayores ingresos, al disponer de activos financieros y mecanismos de ahorro logran mitigar el impacto del alza de precios sobre su nivel de vida.
En base a estos resultados, los especialistas del BCRP concluyen que buscar la estabilidad de precios se configura no solo como un objetivo de política monetaria, sino también como una herramienta para evitar afectar a los más pobres y la agudización de brechas sociales, o como señalan: “un pilar de equidad social y bienestar económico”.
Puede leer la investigación completa aquí