Tu voz

La clase media peruana no duerme tranquila, sino calculando cuotas

El fraccionamiento permite a los contribuyentes regularizar deudas tributarias, siempre que estas sean exigibles hasta el 31 de diciembre de 2023.
Renatta Corbetto

Renatta Corbetto

Durante años, el Perú construyó una narrativa aspiracional alrededor de la clase media: estudiar, trabajar, emprender y eventualmente alcanzar estabilidad. Tener un departamento, un auto, hijos en colegio privado y vacaciones ocasionales parecía representar el triunfo del esfuerzo individual. Sin embargo, detrás de esa imagen existe una realidad mucho más frágil: gran parte de la clase media peruana sobrevive sostenida por deuda.

LEA TAMBIÉN: CCL: el Perú necesita estabilidad, gobernabilidad y respeto a las instituciones

Hoy, muchas familias no son pobres, pero tampoco pueden dejar de trabajar un solo mes. La estabilidad económica, en numerosos casos, depende de que nada salga mal. Una enfermedad, un despido, una crisis política o un aumento del costo de vida pueden desarmar rápidamente un equilibrio construido sobre tarjetas de crédito, préstamos, hipotecas y pagos en cuotas.

En el Perú, la clase media muchas veces no vive desde la tranquilidad, sino desde el miedo a caer.

Ese miedo se ha convertido en una emoción económica y política central. No se trata únicamente de cuánto gana una familia, sino de cuánto necesita sostener para conservar la apariencia de estabilidad. El colegio privado ya no es un lujo, sino una obligación emocional. El departamento hipotecado representa seguridad, pero también décadas de deuda. El consumo deja de ser placer y se convierte en un mecanismo para demostrar que el ascenso social sí ocurrió.

POBLACIÓN VULNERABLE

Muchos profesionales con empleo formal no tienen capacidad real de ahorro. Miles de personas pertenecientes a la llamada “clase media” viven atrapadas entre salarios insuficientes y expectativas sociales cada vez más altas. La meritocracia prometía progreso; la realidad ofrece agotamiento financiero.

En ese contexto, el crédito dejó de ser una herramienta excepcional para convertirse en una extensión del sueldo. Las cuotas permiten sostener estilos de vida que el ingreso mensual ya no alcanza a cubrir completamente. Se financian electrodomésticos, matrículas, celulares, viajes e incluso gastos cotidianos. La deuda ya no aparece como emergencia, sino como condición permanente de existencia.

DEUDA = PREOCUPACIÓN

Ahí aparece uno de los grandes problemas sociales del Perú contemporáneo: hemos construido una sociedad donde muchas personas viven económicamente agotadas intentando demostrar que todavía pertenecen a una clase media que en realidad nunca terminó de consolidarse.

El filósofo Byung-Chul Han sostiene que las sociedades modernas ya no explotan únicamente desde afuera, sino que convierten al individuo en su propio explotador. Algo de eso ocurre en el Perú actual. Personas con dos trabajos, emprendimientos paralelos y jornadas interminables no necesariamente buscan enriquecerse; muchas veces solo intentan no caer.

CONSECUENCIAS POLÍTICAS.

La clase media peruana vota, muchas veces, desde la incertidumbre. Desde el temor a perder lo poco conseguido después de años de esfuerzo. Por eso, en tiempos de crisis, los discursos políticos apelan constantemente a la estabilidad, al orden y al miedo al retroceso económico. La fragilidad económica produce también fragilidad emocional.

La filósofa Martha Nussbaum explica que las emociones cumplen un rol central en la vida política de las sociedades. El miedo colectivo influye en cómo las personas perciben el futuro y toman decisiones. En el Perú, gran parte de la clase media vive precisamente desde esa emoción: el miedo constante a descender.

Quizás el mayor problema es que seguimos llamando estabilidad a una situación donde millones de personas no pueden detenerse nunca. Donde descansar genera culpa y donde el bienestar depende de mantener ingresos continuos sin margen de error.

Mientras sigamos confundiendo capacidad de endeudamiento con progreso, seguiremos construyendo una estabilidad que parece sólida por fuera, pero que por dentro vive siempre al borde de romperse.

LEE MÁS:

Competitividad portuaria puede perderse por falta de acompañamiento del Estado

Sunat reduce multas aduaneras hasta en 95 %

 

DISCLAIMER

Todas las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor. No representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Cámara de Comercio de Lima.

Economía