Ana Paula Durán
El contexto político y nuestra coyuntura nacional no se queda en la calle. También entra a las oficinas, incluso se puede colar en las reuniones e instalarse en la cabeza de los trabajadores antes de que abran el primer correo o ejecuten su primera tarea del día. Con los resultados de la primera vuelta sobre la mesa y la segunda vuelta en el horizonte, los líderes empresariales enfrentan esta semana un reto que va más allá de los números: cómo mantener a sus equipos enfocados, tranquilos y productivos cuando la incertidumbre externa es inevitable.
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Y es que este tipo de momentos tienen efectos que son más concretos de lo que parecen, en el entorno laboral. La ansiedad por el futuro económico, las tensiones por diferencias ideológicas y la preocupación por la estabilidad laboral son factores que, si no se gestionan, escalan silenciosamente hasta convertirse en conflictos. En Latinoamérica, la situación política y financiera de un país figura entre los principales factores que generan infelicidad en las personas, y eso tiene un impacto directo en cómo se trabaja y se convive.
La evidencia estadística en Mandü también dice algo contundente: las organizaciones que implementan acciones estructuradas para manejarse en contextos de tensión logran mejoras de entre 6 y 9 puntos porcentuales en sus índices de clima laboral, compromiso, retención y productividad. No es magia ni coincidencia. Es el resultado de líderes que entienden que su rol no es ignorar el contexto, sino contenerlo con criterio.
¿Cómo se hace eso en la práctica? Primero, validando el contexto sin amplificarlo. Reconocer que existe incertidumbre es un acto de honestidad que genera confianza, siempre que no venga acompañado de mensajes alarmistas. Segundo, reforzando las reglas de convivencia: las diferencias ideológicas son inevitables, pero no pueden traducirse en faltas de respeto o discriminación dentro del equipo. Tercero, y quizás lo más crítico, alineando a los mandos medios, porque son ellos quienes atienden el día a día y detectan cuando algo no está bien.
Este último punto merece atención especial. Un mando medio sin claridad sobre cómo actuar en momentos de tensión puede convertirse en un amplificador del problema. Prepararlos esta semana, con mensajes concretos y un protocolo claro, es una de las decisiones de mayor impacto que un líder puede tomar hoy.
Y esto importa para todas las generaciones, especialmente para las más jóvenes. Según Deloitte*2, hasta cuatro de cada diez jóvenes de la Generación Z (40%) y millennials (35%) afirman sentir estrés la mayor parte del tiempo en sus centros laborales. En un contexto electoral como el actual, este número necesita de alguien que decida gestionarlo.
El trabajo es donde los peruanos pasamos gran parte de nuestro tiempo. Eso le da a los líderes una responsabilidad que va más allá de los resultados: la de construir un espacio de estabilidad cuando todo afuera se mueve. La incertidumbre externa no se puede controlar. Lo que sí se puede controlar es cómo se lidera adentro.
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