
Óscar Chávez
A tres meses de las Elecciones Presidenciales de abril de 2026, el análisis del padrón electoral adquiere especial importancia ante la elevada volatilidad política y los estrechos márgenes observados en los últimos procesos electorales. En este marco, la incorporación de nuevos electores —jóvenes que ejercerán por primera vez su derecho al sufragio— constituye un factor con capacidad de incidir tanto en los resultados electorales como en la orientación de la agenda pública en el mediano plazo.
Para efectos del presente análisis, se define como población votante primeriza al conjunto de personas con edades iguales o mayores a 16 años y menores de 21 años en 2024. Este grupo no contaba con la edad legal para votar en las elecciones generales de 2021 y, en consecuencia, se incorporará por primera vez al proceso electoral de 2026. Desde el punto de vista demográfico, se trata de una cohorte en transición hacia la vida adulta, con una elevada permanencia en el sistema educativo y una inserción laboral aún parcial, factores que influyen de manera directa en sus prioridades económicas y sociales.
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Con base en esta delimitación, las estimaciones realizadas a partir de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) 2024 indican que la población votante primeriza asciende a 2 931 626 personas, lo que representa el 11.6 % del total del electorado. Esta magnitud convierte a este grupo en un segmento relevante que puede influir de manera significativa en los resultados electorales.
Desde una óptica demográfica, esta población presenta una distribución por sexo prácticamente equilibrada, con 1 468 385 hombres (50.1 %) y 1 463 241 mujeres (49.9 %). Para el IEDEP, la población votante primeriza constituye un segmento estratégico del electorado, no solo por su tamaño, sino porque sus condiciones territoriales, educativas y laborales constituyen desafíos de política pública que los candidatos pueden identificar y capitalizar mediante propuestas diferenciadas dirigidas a una generación que participa por primera vez en el proceso electoral.

Distribución territorial de la población votante primeriza
La población votante primeriza está concentrada en áreas urbanas. Del total estimado, 2 329 971 personas residen en zonas urbanas y 601 655 en rurales, lo que implica que cerca del 80 % de los nuevos electores se ubica en espacios urbanos. Esta estructura territorial refleja el proceso sostenido de urbanización y la mayor concentración de población joven en ciudades capitales y áreas metropolitanas.
Al desagregar por dominio geográfico, Lima Metropolitana concentra 944 947 votantes primerizos, cerca de un tercio del total nacional. Le siguen la costa urbana (624 976) y la sierra urbana (516 414), lo que confirma el peso de los principales centros urbanos regionales. En contraste, la Sierra rural agrupa 403 294 votantes primerizos, mientras que en la Selva se estiman 243 633 en áreas urbanas y 131 506 en áreas rurales; por su parte, la costa rural concentra 66 855. Como se observa, hay una alta concentración urbana y también una presencia importante en zonas rurales.
Distribución departamental de la población votante primeriza
La distribución departamental confirma una elevada concentración en un número reducido de regiones. Lima agrupa el 35.2 % del total nacional, con 1 032 007 nuevos electores, lo que la posiciona como el principal espacio de renovación del padrón electoral.
Junto con Lima, los departamentos de La Libertad (6.1 %), Piura (6 %), Puno (5.2 %) y Cajamarca (4.4 %) conforman el grupo de mayor peso relativo. En conjunto, estas cinco regiones concentran alrededor del 57 % de la población votante primeriza.
Este patrón de concentración sugiere que la incidencia de los nuevos electores en los resultados electorales se concentrará mayoritariamente en estas regiones, sin descartar que, en departamentos con menor tamaño poblacional, su participación relativa tenga un impacto decisivo a escala regional.

Condición laboral de la población votante primeriza
Desde la perspectiva del mercado laboral, la población votante primeriza se caracteriza por una limitada inserción económica, coherente con su etapa del ciclo de vida. Del total estimado, 1 587 146 personas (54.1 %) se ubican aún fuera de la Población Económicamente Activa (No PEA), es decir son dependientes con una alta permanencia en el sistema educativo.
Una población restante de 1 133 651 personas (38.7 %) se encuentran ocupadas, mientras que 201 787 jóvenes (6.9 %) forman parte de la población desocupada, tanto abierta (5.3 %) como oculta (1.6 %). Esta estructura evidencia que, aun entre quienes participan activamente en el mercado laboral, persisten dificultades de acceso a empleos estables y de calidad. Desde un enfoque económico, este patrón anticipa presiones futuras sobre el empleo juvenil, la informalidad y los ingresos laborales, temas centrales para la agenda pública en los próximos años.
Nivel educativo de la población votante primeriza
La estructura educativa de los votantes primerizos muestra una evidente concentración en la educación secundaria consistente con la edad del grupo y que alcanza a 2 143 052 personas, equivalentes al 73.1 % del total.
Al mismo tiempo, otra proporción importante ya ha accedido a la educación superior. En conjunto, 711 681 jóvenes (24.3 %) cursan o han culminado estudios superiores, tanto universitarios (13.5 %) como no universitarios (10.8 %). Los niveles de educación primaria e inicial representan una participación marginal (2.5 %), lo que es muestra de avances significativos en términos de acceso educativo. No obstante, esta composición plantea desafíos vinculados a la calidad de la formación y a su articulación con las demandas del mercado laboral, especialmente ante la elevada informalidad, lo que refuerza la relevancia de este grupo poblacional para el análisis económico y social en el mediano plazo.

La población votante primeriza representa un segmento destacado del electorado de cara a las Elecciones Presidenciales de 2026, tanto por su magnitud como por sus características socioeconómicas. Su alta concentración urbana, su limitada inserción laboral y su fuerte vinculación con el sistema educativo evidencian desafíos de política pública en empleo juvenil, educación y transición al mercado de trabajo. En un escenario electoral competitivo, este grupo constituye un espacio estratégico para la formulación de propuestas diferenciadas dirigidas a una generación que participa por primera vez en el proceso democrático.
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