Rubén Carrasco: Una oportunidad en medio de la crisis global de alimentos

En un artículo anterior, justo en medio de la crisis sanitaria, escribí sobre la seguridad alimentaria y el rol tan importante en el desarrollo de nuestros pueblos. En medio de las crisis y a falta de previsión, muchos imperios y civilizaciones terminaron al final colapsando. Esto, debido a la fuerte dependencia o a la incapacidad de obtener alimento suficiente para toda una población.

 

Cada país hoy juega su partido. La reciente edición de la revista The Economist, por ejemplo, menciona en su portada el título “La catástrofe alimentaria que se avecina” y, por otro lado, los expertos en el Foro Económico Mundial, (WEF, por sus siglas en inglés, que se realizó recientemente en Davos (Suiza) mencionan que el mundo experimentará un mayor aumento en el precio de los alimentos en los próximos diez a doce meses si no se resuelven problemas como la escasa oferta de fertilizantes, la caída de la producción por sequías en varios países y el bloqueo de la salida marítima de granos de Ucrania.

 

“Nos enfrentamos a unos desafíos globales que determinarán, en última instancia, la habitabilidad de nuestro planeta en el siglo XXI. Algunos de estos desafíos son tendencias establecidas, que las compañías y los países pueden interpretar como oportunidad y también como solución para responder ante ellas. Estos desafíos son: alimentos, energía y protección”. Por increíble que parezca, este artículo era un extracto de nuestras presentaciones como colaborador de DuPont entre los años 2004 y 2014.

 

Sin duda, hoy, la seguridad alimentaria se encuentra amenazada y las grandes potencias ya se preparan para lo peor. La crisis sanitaria, la invasión de Rusia a Ucrania y el impacto del efecto invernadero o sequías en muchos lugares productivos, han desencadenado una tormenta perfecta.

 

Según el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), el índice de precios internacionales de los alimentos de la FAO, registró un promedio de 159,3 puntos en marzo de 2022, mayor en 12,6% al registrado en febrero de 2022. Este incremento llevó al índice a su mayor nivel desde su creación en el 1990. Por lo tanto, hoy los precios de los alimentos son los más altos en los últimos 32 años.

 

Al tiempo que los gobiernos, en medio de la escasez y al aumento de los precios, preocupados por garantizar sus suministros de alimentos, están imponiendo nuevas barreras con el objetivo de detener sus exportaciones de alimentos a otros países. La decisión de la India, por ejemplo, de prohibir sus exportaciones de trigo ha prendido la alarma.

 

China, por su parte, ordenó a sus empresas dejar de vender fertilizantes a otros países para garantizar así su propia seguridad alimentaria. Indonesia, por otro lado, estableció restricciones al aceite de palma, un alimento clave en su dieta alimentaria. En Europa ya se habla de cambios de hábitos en su alimentación, y, según Ipsos, el 27% de británicos se han visto obligados a saltarse algunas de las comidas.

 

Los gobiernos que imponen estas restricciones argumentan que su deber es anteponer las necesidades de sus propios ciudadanos. Algunos países, como el gigante latinoamericano Brasil y España, buscan alianzas de cooperación alimentaria con el propósito de mitigar el gran impacto.

 

Otros veinte países, asiáticos y africanos en su mayoría, han adoptado una decisión parecida, no solo en relación con el trigo, sino con otros alimentos como las patatas, el azúcar y la carne. La sequía en diversas zonas del planeta complica todavía más la situación.

 

En nuestro país, la FAO ha advertido que la crisis alimentaria podría afectar a 15,5 millones de peruanos. Ello, tomando en cuenta que, en el quintil más pobre, el 50% del gasto total de las familias se destina a la alimentación, y un 25% a energía, transporte y vivienda. Sin embargo, el gran reto será cómo producir más en medio de una crisis política, una escasez de financiamiento o una falta de liquidez en el sector productivo agrícola, en especial de medianos y pequeños productores.

 

Actualmente, los agricultores en el Perú vienen reinventándose en sus escasos recursos y costos, maximizando el uso de productos, especialmente de los fertilizantes. Por ejemplo, se está tratando de suplir la urea por otras fuentes nitrogenadas como, por ejemplo, el sulfato de amonio, el nitrato de amonio u otras fuentes orgánicas nitrogenadas disponibles.

 

Según Aduanas, entre enero y marzo del 2022, nuestras importaciones de fertilizantes experimentaron una caída del 20% en comparación con similar período del 2021. El Perú importó 284’220.335 kilos de fertilizantes en comparación a los 355’336.105 kilos adquiridos en similar periodo del año anterior. Por lo tanto, será preponderante el rol que juegue el Gobierno en este escenario tan complejo, y será de suma importancia la convocatoria a todos los jugadores de la cadena agroalimentaria.

 

A diferencia de otros países, el Perú cuenta con muchos recursos naturales y energéticos, como, por ejemplo, el gas natural y una diversidad de cultivos básicos en nuestra dieta alimentaria. Por un lado, se encuentran los cultivos tradicionales de mayor extensión como es el arroz, maíz y la papa; y, por otro lado, los cultivos de exportación como la uva, paltos, cítricos, mangos, arándanos entre otros. Sin duda, es una gran oportunidad en medio de una crisis.

 

En consecuencia, como Gremio de Protección de Cultivos de la Cámara de Comercio de Lima (CCL) reiteramos nuestro compromiso para seguir uniendo esfuerzos, con propuestas de cooperación que nos permitan ser más competitivos. Solo a través de la articulación del sector público, privado, la academia y los organismos multilaterales vamos a poder generar acciones de alto impacto, que nos permitan como país superar estos momentos de crisis. “En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento”, dijo Albert Einstein.