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¿Recibes más radiación en un avión o en una radiografía?

Expertos buscan desmitificar el uso de imágenes diagnósticas para evitar que el miedo se convierta en una barrera para la detección temprana de enfermedades.
Empresa: Siemens Healthineers / Código de asociado CCL: 00039649.4

Sandi Narciso


La palabra “radiación” suele generar preocupación en la población, al estar comúnmente asociada con riesgo o enfermedad. Sin embargo, especialistas señalan que este fenómeno forma parte de la vida cotidiana y que las personas están expuestas a él de manera constante a través de fuentes naturales como el sol, el suelo e incluso el propio cuerpo humano.

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En términos generales, se estima que una persona recibe alrededor de 2.4 milisieverts (mSv) al año por radiación de fondo, lo que evidencia que no se trata de una exposición excepcional, sino de un proceso natural presente en el entorno diario. Bajo este contexto, surgen comparaciones que permiten dimensionar la exposición en diferentes situaciones cotidianas, como viajar en avión o realizarse un examen médico.

Exposición a la radiación: comparación entre vuelos y estudios de diagnóstico

Aunque pueda resultar contraintuitivo, la exposición a radiación cósmica aumenta durante los vuelos comerciales debido a la menor protección atmosférica a gran altitud. Un viaje de larga distancia, como el trayecto entre Bogotá y Madrid, puede implicar una exposición aproximada de entre 0.03 y 0.05 mSv por pasajero.

En contraste, una radiografía de tórax moderna tiene una dosis aproximada de 0.01 mSv, lo que significa que un vuelo internacional puede representar una exposición hasta cinco veces mayor que un examen médico de este tipo. A modo de referencia, una radiografía de tórax equivale a la radiación natural que una persona recibe en aproximadamente tres a cuatro días de vida cotidiana.

A pesar de estos datos, especialistas advierten que la percepción del riesgo no siempre se alinea con la evidencia científica. En muchos casos, los procedimientos médicos generan mayor preocupación debido a su asociación con entornos hospitalarios o enfermedades, mientras que otras fuentes de radiación pasan desapercibidas.

Este sesgo de percepción puede llevar a que algunas personas eviten estudios diagnósticos necesarios, incluso cuando estos se realizan bajo estrictos estándares de seguridad. Uno de los más importantes es el principio ALARA (As Low As Reasonably Achievable), que busca mantener la exposición a la radiación lo más baja posible sin comprometer la calidad de la imagen diagnóstica.

En ese sentido, Fabián Rodríguez, director de Diagnóstico y Terapia guiada por Imágenes en Siemens Healthineers, subraya la importancia de comprender el verdadero alcance de la radiación en el ámbito clínico.

“El miedo a la radiación en el entorno clínico es uno de los mayores obstáculos para la medicina preventiva. La tecnología ha avanzado tanto que somos capaces de obtener diagnósticos de una precisión milimétrica con dosis de exposición históricamente bajas. Evitar una radiografía por temor a la radiación es como evitar caminar por miedo a que nos caiga un rayo: el beneficio de detectar una condición a tiempo supera infinitamente el riesgo de una exposición controlada y mínima”, afirma Rodríguez.

Lejos de representar un riesgo significativo, las imágenes médicas son actualmente una herramienta clave para la detección temprana, el diagnóstico preciso y el seguimiento de diversas enfermedades. La evolución tecnológica ha permitido reducir las dosis de exposición y mejorar la calidad de los estudios, fortaleciendo la seguridad del paciente.

En este contexto, especialistas resaltan la importancia de desmitificar la radiación en el ámbito médico para evitar que el temor se convierta en una barrera de acceso a la atención preventiva. Comprender su presencia en la vida cotidiana y su uso controlado en la medicina permite tomar decisiones informadas y priorizar el cuidado de la salud sin alarmismos innecesarios.

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